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Boca púrpura

Diarios | y si estoy distraída...

NOVIEMBRE 2019

30.

Y si estoy distraída es porque, como hoy me di cuenta, si pusiera más atención a mi alrededor, vería muchas cosas que no soportaría ver. Miradas ultrajantes, rostros de hipocresía, daño inconmensurable a la vida, insistencia en penetrar mi ser, el otro haciéndome objeto, los objetos recordándome la muerte, preguntándome:


—¿Qué tal la vida? 


No, no quiero responder preguntas... como: ¿Qué es lo que sientes al respecto? Al respecto del mundo, ergo de ti. De mí. No quiero responderles. A todas esas cosas que me agobiarían si tan solo las viera. Hoy veo, hablando de ver, que mi deficiencia visual, que tanto me ata a la ortopedia con dos huecos; esta deficiencia visual, no es un accidente. 


¿Cómo mantendría mi sonrisa si todo puedo ver? Imposible. Hoy vi por dos minutos y me sentí tan pequeña. [Como cuando era pequeña]. 


Uno de los motivos para no mirar el mar de rostros infinitos es la creencia de que todos me ven, entonces, ¿cómo me vería yo viéndolos? Pero si se trata de miradas… ¿por qué asumo que son ellos los que me miran a mí? ¿Por qué no mirarlos yo a ellos? Es completamente distinto ver a ser vista. Me parece que es más placentero ver… Quizá a eso es a lo que realmente temo, no a que me miren, sino a ser yo quien mira... porque me arriesgo a ser yo aquella que agobia, la intrusa. 


Siempre he temido que me descifren con una mirada. Al sujeto de enfrente acabo de verlo por treinta segundos y lo tengo desenvuelto. Me miró, me deseó. Está oscuro y se posa frente a mí. Sigue caminando… Yo sigo sus pasos, se escuchan fuerte; me aproximo a menos de un metro, camino fuerte. Me siente cerca. Hace el, seguramente universal, gesto nervioso de sacar el celular para verlo sin ver nada. Sólo para disimular la ansiedad que le produzco. Vaya, se siente bien que hagan eso por tu presencia, por estar atrás de alguien cuasi-persiguiéndolo, aunque haya sido un azar citadino. Me bajo de la banqueta y lo rebaso… Inmediatamente veo a través de su sombra, creada por la luz cálida de los faros del centro, que guarda su celular y vuelve a caminar como suelen caminar los hombres: Erguido y con movimiento ondulante de hombros. Al estar detrás de mí, volvió a sentirse seguro, no el perseguido, quizá... no sé, pero sí resulta divertido mirar con atención. 


No se puede mirar con atención a cualquiera. Cuando me siento vulnerable, especialmente por amor, me resulta muy difícil sostener la mirada. «Creo que ese hombre notará la verdadera posición que tengo hacia él. Devaluada persona que ama; así piensan los más crueles».  


Lobos y ovejas. Creí que era la única oveja. Hoy veo que la mayoría tiene mucho más que perder de lo que pensaba. Temerían a mis aullidos y ladridos, o a mi pose cazadora; y no es precisamente que yo grite muy fuerte o que sea muy grande. Dicen que tengo cara de niña, que soy una “ternura con patas”... sí, la cita es textual, pero por instantes me he visto muy por encima del otro, tan gigante. Quizá la culpa posterior que siento es, en primera, el triunfo del dispositivo sobre mí, y también mi propia represión sobre ese magnífico placer de dominar que tanto mal ha traído al mundo. 


«Y no dominaría tan mal», me digo a mí misma fantaseando; «sería una buena ama, después de todo. A más de uno va a gustarle verme sobre todas las cosas, siendo infinita y omnipotente. ¡Puff!, les voy a encantar». 

Luego, doy unos pasos y continúo el delirio:


«Tengo lo necesario: En mi debilidad encontraré la conveniencia y la oportunidad; hasta sueno como capitalista. No por nada gobiernan el mundo. Podría llegar hasta allá, de otra forma, o utilizando otras cosas, nada más. Excepto el método —esto porque soy buena me lo digo—: Observar con cuidado, plantar la inseguridad, generar demandas, explotar recursos de cualquier territorio psíquico y vender aquello que jamás colmará al otro pero que, de una forma irónica y muy sutil, lo va empobreciendo más y más. Así como opera mucho de lo psi». 


Amor mío: Cuando la dualidad dentro de mí se divide entre fe y desconfianza, se abre un diálogo dramático. Puccini lo supo bien (en Madama Butterfly), siempre hay dos mujeres dentro de una mujer. El rasgo ingenuo pero amoroso es el que dice: ‘L'aspetto’, lo haré con segura fe. Lo haré, incluso si nuestro tiempo juntos ha terminado. Eres el hombre al que esperaré lo que me resta de vida, como Madama esperó toda su vida. Porque si no te esperara una, morirían ambas… Quizá con orgullo, dignas, rodeando el filo de la verdad penetrante, pero muertas al fin. 


[Lo irónico es que ya no recuerdo quién era ese ‘amor mío’ «podría ser cualquiera»… lo que al final resulta irrelevante, pues en el fondo hablaba del amor mismo, el amor con fe, mortífera, en algunos terribles casos (2023)].  





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