Dejé de creer en sus palabras
- Katrin Rayarram
- hace 15 minutos
- 3 Min. de lectura
Mi padre rompió mi empatía por los hombres. Dejé de creer en sus palabras y en sus gestos de dolor. Ahora me cuesta creer que podría hacer daño a cualquiera de ellos... Su falsedad en lágrimas y en perdones, borraron posibilidad de entendimiento y de confianza. Me esforcé muchos años tratando de encontrar valores comunes con aquellos que me hacían daño. Todo fue porque creí en él y tuve que vivir esas otras experiencias para dejar de hacerlo. Experiencias dolorosas y de un maltrato inconciliable. Me vi obligada a reconocer lo inconcebible en el pasado, en casa. Porque si no me ponía manos a la obra atrás, jamás podría salir adelante. Tuve que escapar de él, terminar con él para poder terminar con aquel. Todo se originó en mi padre. Todo nació con el padre, con la idea de padre, vamos. Con la idea de hombre... Entendamos que tenemos que vaciar todo aquello para poder llenar de nuevo la esperanza en cuerpos que significan lo que es ser un hombre. Sé que les faltan guías, a todxs nos falta una mejor idea del vivir. Pero eso no significa que dejaré de amar, de sentir o de tener poder sobre mí. La falta de guía nunca fue una excusa para no caminar, la humanidad ha inventado sentidos por todas partes. Y yo me harté de aquellos sentidos en los que era culpable del dolor que me causaban. En los que era abominable mi voz y borrables sus efectos subjetivos. Me cansé de ese sentido humano y comencé a explorar lo inhumano. Me perdí ahí también. Me perdí cuando traté a los otros como animales para que no me maltrataran a mí. Me perdí cuando dejé de creer en las lágrimas del hombre.
Hoy camino de vuelta a la senda donde planté semillas antes de tener demasiado miedo. Sé que si sigo mis huellas encontraré el lugar y la forma de volver a amar. Yo ya no tengo esperanza de ser amada, porque volví a mi propio camino para amar. Y ahí estoy yo, esperando ser amada. Pronto me voy a encontrar... Creo en mis lágrimas, en mi dolor y en mi rabia. No necesito creer en más, pues la incertidumbre sobre ellos nace de mi miedo a su maldad. No tengo por qué correr el riesgo, ni tengo por qué ver en todos el mal. Sé que no me quedaré como esclava, ni daré ocasión de que un cuchillo claven en mi espalda. Sé que la libertad es tan brutal que no puedo evitarlo, el mal irracional del otro sobre mí.
Pero ellos no son tu padre, aún si desean ser un padre. Aún si desean ser tu padre, no pueden serlo. Ya no solo eres una niña que acaba de ser arrojada al mundo. Ya viviste la ilusión de amar a un padre patriarcal. Ya viviste la ilusión de buscar un padre a través del amor de un hombre. Ya viviste la ilusión de buscar al hombre tras el hombre. Y al hombre, ja, tú lo has de significar. Si atentamente observas a tu alrededor, nadie sabe ya qué es ser un hombre. Su sentido perecedero se volvió inadmisible y la identidad se hace esperar entre la esclavitud y la basura que nos ahoga. Sí, yo he de significar al hombre, le he de decir quién ha sido para mí y quién espero que sea. Porque si dejo de esperar, no estaré ejerciendo mi papel político de la posterior exigencia. Aquí hay que rellenar de sentido, hay que plantar y colorear el camino, hay que crear hombres amables, para que puedan ser amados.






Comentarios